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Entrenamos habilidades

La educación emocional supone “entender lo que siento, cuando lo siento, porqué lo siento, qué me hace sentir así,… “ y todo sin juicio. Las emociones son la base del aprendizaje y el hecho de gestionarlas mejor o peor será lo que nos facilite nuestras relaciones y nuestro día a día.

En la vida cotidiana, lo más emocional nos desmonta y nos hace débiles delante de los demás y quien es el/la que no puede gestionar en el trabajo el estrés, un mal día,… y se lo guarda para casa. En cambio, de cara a la sociedad hemos creado un personaje que nos permite esconder las emociones que no están bien vistas o eso nos creemos.

Por eso, acompañamos a las familias a salir de la presión social de ser padres y madres perfectos/as y hacerles conscientes que es importante dejar que los niños/as  se frustren. Cómo lo podemos hacer?

Necesitamos un tiempo para aceptar la situación y gestionarla (permitirle al niño/a la frustración). Cuando esté calmada/o le decimos que entendemos que esté enfadada/do y que no nos ha gustado lo que hemos visto. Va muy bien hablar en primera persona desde nuestra emoción ya que nos evitamos el juicio y la autoestima no les baja. Confiar en que nos entienden.

Haciéndolo de esta manera, ponemos toda la intención en entrenar las habilidades (autoestima, confianza, paciencia) que son importantes para que los niños y niñas las puedan utilizar para sobrevivir y tomar conciencia emocional de lo que sienten y poder conseguir regular sus conflictos para poder ir por la vida y sin miedos.

Con este proceso estamos dando herramientas muy poderosas para poder crecer con ellos/as y aprender de ellos/as porque la educación emocional no tiene edad y nunca es tarde.

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