Soy Carme

 

Soy Carme y desde siempre me ha encantado estar en el Timbalet. Cuando tenia vacaciones del cole venía con Pepi y la ayudaba en lo que podía o me ponía a jugar con los niños/as. Me encantaban los mediodías porque después de comer, mientras los niños y niñas hacían la siesta, siempre me compraba helado de postre (en verano, claro).

Empecé de «comodín» y allí donde hacía falta me ponía a hacer lo que hiciera falta. Siempre he sido una apasionada de la educación y con sueños que ahora se están cumpliendo. Mientras estudiaba por las tardes-noche, trabajaba todo el día de soporte hasta que asumí la tarea de tutora y de esto ya hace más de 30 años.

Actualmente, mi tarea es encontrar la sintonía del Timbalet para que todo funcione y las personas que están dentro encuentren un bienestar (niños/as, equipo y familias). La intención es encontrar el máximo equilibrio para ir todos a una. Si esto funciona se crea un ambiente en el que todo es más fácil.

Todo lo que sé lo he aprendido en el Timbalet, creciendo con los niños y niñas. Gracias a ellos/as, me di cuenta que no íbamos bien y que necesitábamos ir más allá. He aprendido que necesitan que les escuchemos y, por eso, el año 2015 entramos en el mundo de la educación emocional en el que encontramos los frutos de un buen y gran trabajo. Esto es lo que nos diferencia, nuestra actitud delante de las personas y como gestionamos el día a día. Es necesario que los niños y niñas sean autónomos y sepan ir por el mundo y en 0-3 años es posible.

Como educadora he aprendido que para educar a un niño/a es imprescindible:

· Que sean autónomos y que allí donde vayan puedan levantarse.
· Darles el tiempo necesario a cada uno/a para alcanzar los aprendizajes.
· Proporcionarles las herramientas para que puedan gestionar sus emociones y resolver sus propios conflictos.
· Quererlos y que se sientan queridos y acompañados.

Agradecer la oportunidad que este trabajo me da para crecer cada día y aprender de los mejores maestros/as que son los niños y las niñas.